Néstor y Miguel Martín Fernández de la Torre plantearon la decoración de los dos pequeños salones, situados en los extremos del Salón Saint - Saëns, mediante el uso de papel pintado, imitando telas de calidad que estuvo de moda a finales del siglo XIX.
El estado de conservación era lamentable debido a la humedad y a un intento de restauración infructuoso, que hubo que eliminar.
Las técnicas encargadas de su restauración tardaron más de cuatro meses en devolver el esplendor original del papel pintado; realizando pruebas de solubilidad al tinte azul, confeccionando plantillas de acetato troqueladas para tratar los motivos florales y recuperando las zonas decoloradas con acuarelas, al igual que las partes que estaban completamente destruidas.